
El Presidente-candidato busca profundizar su revolución ciudadana. Su prioridad es tener mayoría en la Asamblea. La idea del cambio es el eje de su mensaje.
Rafael Correa Delgado sabe que solo hay una forma de profundizar su revolución ciudadana: seguir como inquilino de Carondelet, al menos, hasta 2013.
Por ello, el Presidente y líder del Movimiento País buscará una victoria el 26 de abril. Así, pretende quedarse cuatro años más con la banda presidencial, sin descartar una reelección a futuro.
En su vertiginosa trayectoria política de cuatro años (ver cronología), el Presidente-candidato suma cuatro triunfos al hilo.
El primero fue el 26 de noviembre de 2006, cuando se impuso a Álvaro Noboa. En 2007 ganó su tesis de instalar una Constituyente y captó la mayoría de escaños de esa Asamblea. Finalmente, el 28 de septiembre de 2008 logró que se apruebe la Constitución.
Luego de dos años y tres meses de gobierno, Correa llega al proceso electoral en calidad de favorito, casi sin sentir el desgaste del poder, según las encuestas.
En ese tiempo, una de sus prioridades ha sido demoler a la oposición. Su ataque a los partidos políticos tradicionales, a los que etiqueta como ‘partidocracia’, fue su punta de lanza.
Sin embargo, su movimiento no dudó en llegar a acuerdos con partidos que el propio Correa ha identificado como parte de la ‘partidocracia’. Ese es el caso del MPD que, junto a la lista 35, logró en Montecristi que en la nueva Constitución se incluya una de sus propuestas estrella: permitir el voto desde los 16 años de edad.
Al discurso antipartidos de Correa se sumaron otras jugadas de su régimen para debilitar a la oposición que, a inicios de 2007, dominaba el Congreso. Entre ellas destaca su apoyo a la decisión del ex Tribunal Supremo Electoral de destituir a 57 diputados, a los que acusó de obstaculizar el llamado a consulta popular para instalar la Asamblea Constituyente.
Ese tipo de decisiones - cuestionadas por varios sectores políticos y de opinión- pasó casi inadvertido entre el grueso de la población. Su popularidad se convirtió en una suerte de escudo ante las críticas de la oposición.
Su aparente invulnerabilidad se alimentó de varias medidas enfocadas a las clases populares y que tomó apenas se ciñó la banda presidencial. La duplicación de los bonos de la pobreza y vivienda o la venta de urea subsidiada fueron tres de las medidas que fortalecieron su imagen.
Su carisma y personalidad arrolladora se han convertido en otros ingredientes que le permiten tener cotas de popularidad no visualizadas desde el retorno a la democracia, hace ya 30 años.
Pero su estilo de confrontación no ha limitado a la oposición políticos. Ciertos medios, banqueros y empresarios también son sus blancos favoritos. Desde el balcón de Carondelet o desde sus enlaces sabatinos los critica y acusa de carecer de legitimidad para poner reparos a sus decisiones.
Aunque aquellos sectores de izquierda que discrepan con algunas de sus medidas tampoco han escapado de sus descalificaciones. Por ejemplo la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), a la que tacha de “infantil” por oponerse a la Ley Minera aprobada a inicios de año.
El control de la Asamblea es determinante en sus planes

Aunque Correa sostiene en los medios que su segundo mandato aún no es seguro, en País se sabe que solo una catástrofe pondría en riesgo su victoria.
Por ello, para el Presidente y su equipo su prioridad en los comicios del 26 es lograr una mayoría en la futura Asamblea.
La idea es que un bloque parlamentario de mayoría se constituya en la plataforma que sostenga al Gobierno, a través de la aprobación de leyes claves en sus planes.
Correa ya ha mencionado que una ley antimonopolios y otra de empresas públicas son decisivas en su nuevo modelo de economía, que describe como social y solidaria. Además, el Presidente espera que esa mayoría le permita desarrollar el nuevo marco constitucional, con la aprobación de las 11 leyes fijadas en su primera disposición transitoria.
En los cálculos del oficialismo la figura presidencial será fundamental para el encadenamiento de votos hacia las listas de asambleístas. De hecho, el encuestador Santiago Pérez, que hace estudios para el Gobierno, explica que hay altas probabilidades de que se repita la transferencia de votos del Presidente a sus candidatos a asambleístas, como en las elecciones de la Constituyente, en septiembre de 2007.
Sin embargo, en la lista 35 también hay conciencia de que ese endoso de votos no funcionará en la misma magnitud en aquellos candidatos que buscan ganar alcaldías y prefecturas. En ese punto, el Primer Mandatario ya ha expresado su preocupación porque cabildos como el de Guayaquil estén en manos del alcalde Jaime Nebot, opositor al Régimen.
En País se sabe que esa alcaldía está casi perdida. Solo Quito, a través de Augusto Barrera, se perfila como una de las ciudades grandes que puede ser controlada por el movimiento oficialista y convertirse en un sostén político.
El socialismo del siglo XXI y el mensaje del cambio, en pie
Correa es parte del club de presidentes latinoamericanos que dice impulsar el denominado socialismo del siglo XXI en la región.
Junto con Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Daniel Ortega (Nicaragua), el Jefe de Estado es parte de esta nueva corriente que -explica- pone al ser humano como el objeto último del sistema económico.
Para ello, Correa cree que el Estado debe planificar y regular la economía nacional. De este modo el mercado deja de ocupar el centro del sistema productivo.
En su ideario, la soberanía es un concepto transversal. Cree que en todos sus sectores el país debe estar en la capacidad de tomar decisiones por sí mismo y no depender de otros Estados y actores.
Precisamente en su actual campaña, ese concepto de soberanía es uno de sus ejes vertebradores. En sus ‘spots’, el Presidente ha reiterado que el pueblo tiene en sus manos la posibilidad de decidir quién gobernará el país. Y que en respeto a esa decisión soberana del electorado, pone a disposición su cargo. A la par, en la campaña proselitista del oficialismo prácticamente se han mantenido aquellos parámetros que funcionaron en 2006.
La candidatura de Correa se presenta como el sinónimo del cambio que, supuestamente, ya comenzó su elección en 2006. Por ello anticipa que en caso de no vencer en las urnas, el pasado (la ‘partidocracia’) volverá a manejar los hilos del Ecuador.
Casi con el mismo equipo

Correa prácticamente no ha modificado a su equipo de campaña electoral de 2006. Vinicio Alvarado, secretario de la Administración y de la Comunicación, es su jefe de campaña. Y hombres como el ministro de la Política, Ricardo Patiño, son clave en la toma de decisiones. Pero, a diferencia de 2006, en el buró de campaña ya no figuran nombres de coidearios que trazaron el plan de gobierno. Sus diferencias políticas terminaron por distanciar de ese grupo a Alberto Acosta.
El Vicepresidente

Lenín Voltaire Moreno Garcés es el compañero de papeleta del presidente Rafael Correa. Nació el 19 de marzo de 1953 en la población de Nuevo Rocafuerte, provincia de Orellana.
Se licenció en Administración Pública en la Universidad Central. En el sector público ocupó la Dirección Administrativa del Ministerio de Gobierno en 1996, durante la administración de Abdalá Bucaram. Ahí coincidió con Gustavo Larrea, quien era Subsecretario de esa Cartera de Estado.
Es amigo personal de Larrea, quien dirigió los ministerios de Gobierno y de Seguridad en el actual Régimen. En 2006, después de que Correa no llegara a un acuerdo electoral con la Conaie, Larrea sugirió el nombre de Moreno para la Vicepresidencia. La propuesta fue aceptada por Correa. Su nombre fue ratificado para el actual proceso electoral.
Las secuelas de un asalto marcaron la vida de Lenín Moreno. Durante un robo fue herido en su espalda y quedó inmovilizado en la parte inferior de su cuerpo. A raíz de ese incidente y ante los agudos dolores que sintió, empezó a investigar y a escribir cómo el humor puede mitigar el suplicio.
En la esfera privada, el Segundo Mandatario desempeñó varios cargos. Entre ellos fue director de OMC Publigerencia Andina durante seis años. También fue gerente de ventas de Satho y gerente de comercialización de Zitro.
Ya en el ejercicio de la Vicepresidencia de la República, Rafael Correa asignó tareas concretas a Lenín Moreno. A su cargo están instituciones como la Secretaría Nacional Técnica de Desarrollo de Recursos Humanos y Remuneraciones del Sector Público (Senres), la Dirección Nacional de Registro Civil y Correos del Ecuador
Fecha: 2009-04-16
Fuente: El Comercio
Noticia Completa: Correa va por su segundo mandato